Cómo lidiar con un jefe tóxico sin querer ahogarlo con la corbata

4 de cada 10 jefes en España se cree que es un jefe tóxico. Millones de personas van a trabajar con el esfuerzo añadido de tener que aguantar a alguien que no sólo no aporta o inspira, si no que lastra  y crea mal ambiente. Y en un altísimo porcentaje, además, es gilipollas.

jefe toxico

¿Es mi jefe humano?

Por su destreza en la toma de decisiones bien podría ser un mueble.

El problema de un jefe tóxico no es su ineptitud, hay ineptos que, sabedores de su condición, se quedan en su despacho sin molestar, es lo raro. Lo frecuente es que quiera tomar decisiones, quiere que se le haga caso. Y ahí vienen los problemas.

Por alguna razón, que ahora no nos importa, ha llegado a esa posición, es el jefe. El mero hecho de serlo le otorga un sentimiento de capacidad ilusorio que, en contraste con su capacidad real, le convierten en una de las peores cosas en una empresa, un inútil con poder.

¿Por qué un jefe tóxico llega a ser jefe?

El principio de incompetencia de Peter afirma:

«En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia»

Considera que «las personas que realizan bien su trabajo tienden a ser promocionadas a puestos de mayor responsabilidad hasta llegar a un punto en que no pueden realizarlo bien y alcanzan su nivel de incompetencia. La nata sube hasta cortarse

Mientras, son los empleados que aún no han alcanzado su nivel de incompetencia los que realizan el trabajo.

Una variación de esto la defiende Scott Adams, autor de la tira de cómic «Dilbert»:

«Las compañías tienden a ascender a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar el daño que hacen en la empresa»

Y así nos va.

Tengo un jefe tóxico, qué hago.

Sé que es frustrante tener que obedecer a un inútil, sé lo mal que te puede llegar a hacer sentir. He conocido gente que iba y venía llorando a la oficina, cada día.

Lo que necesitas es un objetivo y un plan para alcanzarlo. Decide dónde quieres estar a medio-largo plazo y traza con detalle los pasos. Una vez que comprendes que tu actual trabajo, con su jefe tóxico, son parte inevitable de tu plan, todo cambia.

No quieres verle la cara a ese tipo pero has jugado al Mario Bros, sabes que para llegar a la princesa hay que matar un monstruo al final de cada pantalla. Esta pantalla es tu trabajo, tu jefe es el monstruo, y tu sueño es la Princesa Peach.

Conocí un chico que usaba una metáfora muy apropiada para esto. Se imaginaba que su actual trabajo era una taza de váter, y que la llave que abría la puerta de su objetivo soñado estaba en el fondo. No le quedaba otra que meter la mano en el váter para sacarla. Sin llave no hay sueños, y sin váter no hay llave.

¿Qué no hacer ante un jefe tóxico?

Entre tus circunstancias y tu actitud ante ellas hay un espacio de decisión que sólo te pertenece a ti. Tienes la capacidad de elegir si la actitud prepotente y altiva de tu jefe te afecta o no.

Lo peor que puedes hacer es darle el gustazo de dejar que te afecte. En muchos casos de jefe tóxico a psicópata no hay mucho; tu sufrir será su regocijo. Verte débil agrandará su endiosamiento y la situación rara vez irá a mejor.

Por mucho que necesites un curro recuerda que nada justifica tu disgusto, y que siempre, siempre, hay una alternativa. Y al menos una de ellas ya sabes que está en ti.

Inútiles al mando en el nuevo paradigma

Por suerte, el problema de los jefes tóxicos, típico del antiguo paradigma laboral, tiene los días contados.

El cambio que estamos viviendo se encargará de elevar de forma natural a la gente inspiradora, creativa y empática. Gente que es capaz de sacar lo mejor de los demás, de aprender de ellos y de liderar de manera natural.

El futuro es de los gefes (generadores de felicidad)

El rol de jefe se sustituye por el de mentor que guía y acompaña al trabajador en su camino profesional. Cada empleado trabaja con unos objetivos acordados con él y es responsable de sí mismo.

Mi experiencia con jefes y ge-fes

En mi trayectoria por el mundo laboral he tenido la oportunidad de ver ambos casos extremos. En una empresa de i+d+I pude experimentar lo que es un jefe inspirador, un tipo tan competente y empático que para él liderar era la única opción posible; ejercía su autoridad sin que nadie reparara en ello, un jefe alfa.

No mucho tiempo después vino el otro extremo, un tipo que de inepto resultaba cómico. La situación era tan grave, y lo peor, pagada con dinero público que al irme escribí una carta a la empresa (Turespaña) resumiendo mi experiencia.

Conclusión

Si empatizas con tu jefe tóxico podrás sentir lástima; debe ser una faena muy gorda ser así, pero es su problema, no permitas que te afecte.

No dejes ni un día de trabajar en tu plan de escapada; que la energía negativa que transmite tu jefe sea el combustible para el plan.

Y mientras, cada vez que te encuentres en el curro en una situación que rete tu seguridad y confianza, ríete por dentro como los malos de las pelis, porque sabes que al final, sí o sí, vas a ganar tú.

¿Conoces algún caso? ¿Has vivido la experiencia en tus carnes? Cómo has salido o tienes pensado salir? ¡Deja tu comentario!