Por qué los Juegos Olímpicos pueden ser perjudiciales para la educacion de tus hijos

Acaban de terminar los juegos olímpicos, qué bonitos son, cuánta emoción, todo el planeta pendiente de que alguien corra un poco más rápido, salte más alto o lance un palo un poco lejos. Adalid de los valores. Espíritu olímpico. Palomas blancas, el ser humano superando sus límites ¡aleluya! Aplaude y disfruta, te tienen que gustar.

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Viernes 12 de agosto de 2016.

Estaba yo en un bar aligerando los 36º de Madrid. En la tele del local salía una chica de León levantando una barra con pesas a los lados, 250 kilos pesaban, era halterofilia, para los no puestos.

No había volumen y la conexión saltaba a hockey hierba, no era fácil entender la competición pero la gente miraba atenta, comentaba. Había otra chica, que no era de León, sino de Corea, que también levantaba otra barra. Pugnaban a ver quién levantaba la más pesada. Era muy emocionante, ¡eran las olimpiadas!.

La nuestra, la de León, no la otras que eran muy parecidas pero habían nacido en otro punto del planeta y entonces ya no molan, fue la tercera que más peso levantó. Y en el bar lo celebramos, ¡otra medalla ya llevamos 4!

Se me hacía extraña aquella aparente alegría de la gente, como comentaban sobre aquella bobada. ¿Tengo que celebrar que esa buena mujer levante eso?¿Es una broma? No es que no viera el mérito en su esfuerzo, si no que no veía trascendencia alguna en la supuesta hazaña, de ahí la pregunta que te lanzo hoy, ¿es el mundo mejor por las olimpiadas?

Sobre mi relación con los Juegos encajaría bien esa frase maestra de Oscar Wilde

Discúlpeme, no le había reconocido, he cambiado mucho”

Me tragaba hasta las repeticiones.

Allá por Atenas 2004 o Pekín 2008 podía tragarme el día entero deportes que apenas entendía, vela, esgrima, daba igual. Me dejaba empapar de ese halo de majestuosidad de los Juegos sin pensar un segundo por qué. Ahora se ve que alguien ha cambiado, o ellos o yo, porque nos entendemos peor.

Me emociona el esfuerzo y la constancia de los deportistas que van a las olimpiadas, 4 años entrenando cada día en silencio, esperando. Si dicen que ser capaz de posponer la gratificación ayuda a la felicidad, esta gente lo tiene hecho.

Pero hasta ahí veo la grandeza de las olimpiadas, grandeza que, en términos de constancia y esfuerzo, no es exclusiva de los deportistas olímpicos.

Conozco un chico que es fontanero, que no te imaginas como pelea cada día por sacar adelante su pequeña empresa, también madruga y tiene largas jornadas de esfuerzo físico y mental antes de llegar al verdadero trabajo con tres niños pequeños en casa. No le espera una medalla, le espera una letra y los libros del cole en septiembre. Y así está todo el verano, desatascando mierda sin beca ADO.

Y como él millones de personas, madres, currantes, emprendedores…constantes en su esfuerzo no durante 4 años, muchos más, pero lo que hacen no es disciplina olímpica.

No existe el europeo de bañar a los niños, ni la copa del mundo de desatascar bajantes para menos de 75kg. El fontanero no tiene a cuatro árbitros cronometrando y evaluando su técnica picando una bañera, ni a Maria Escario narrando.

Su competición es mucho más dura que la de las olimpiadas, por silenciosa. No hay medalla al final de la cañería.

Cada vez admiro menos al deportista y más al médico que le arregla el tobillo cuando se lesiona, ¿quién hace ahí el mundo mejor? ¿No estaremos errando el tiro de la idolatría?

En la infinidad de posibilidades del ser humano ser el mejor en una, tan específica, con unas reglas tan concretas, ni ayuda a nadie ni hace que el mundo sea mejor. Con la cantidad de gente que hay haciendo cosas maravillosas nos empeñamos en ensalzar nimiedades.

Sí, enhorabuena, sois los que más a la vez os tiráis a la piscina del mundo desde 3 metros, iros a mamarla por ahí.

Otro ejemplo flagrante es el baloncesto. A poco que cambiaran las reglas los que hoy son buenos dejarían de serlo de inmediato. ¿Te imaginas que sólo se pudiera tocar la pelota con la mano derecha? ¿o que no hubiera pasos? Normas mucho menos limitantes que poner la canasta a 3 metros del suelo, donde no llega nadie.

Ponerla abajo y jugamos todos, coño.

Por suerte siempre hay cracks de verdad, mentes superiores capaces de extraer lo mejor de sus experiencias pero conscientes de la intrascendencia real de sus “heroicas hazañas”.

Uno de esos es Rafa Nadal, un tío que emociona, y no porque sea el mejor dándole a una pelota con una raqueta.

Tengo la suerte de ser bueno en un juego sin importancia”

A esos son los que hay que aplaudir y poner de ejemplo, porque si no, fruto de idolatrar a mindundis y ceerresietes por habilidades banales estamos gestamos lo que defino como…

El síndrome de la Tercera División

En muchas partes de España la máxima categoría en fútbol a nivel regional es la Tercera División. Si juegas ahí es porque a pesar de ser un don nadie eres mejor que la mayoría jugando al fútbol.

Pues hay un síntoma muy frecuente que me he encontrado entre los que han jugado alguna vez ahí; creerse que han hecho algo y arrastrar su inmodestia años y años tras la “proeza”.

O más grave, tengo un amigo, que si lee esto tardará 15 segundos en llamarme, que bien entrado en la treintena mantiene las rentas futbolísticas de haber jugado a alto nivel en cadetes. Y lo grave es que hay gente que valora la mega hazaña.

Jugar en Tercera, o ser el que más alto sube apoyándose en una pértiga, me parece igual de insignificante, y para compararlo con las verdaderas gestas y cosas geniales que hacen millones de personas en el mundo no tengo palabras.

Ensalzando “gestas” triviales y olvidando las que hacen mejor el mundo estamos diciéndoles a los que vienen detrás que ese es el camino, y así nos va.

En el medio de las olimpiadas un buen colega me mandó este whatsapp. ​ No puede expresar mejor la opinión de este artículo, si quisiera un resumen sería así, no se puede decir más claro.

Y para terminar te dejo con unas frases de Rafa Nadal, que más que declaraciones deportivas son maestras lecciones vitales, ¡no todo está perdido!

  • «Sólo es un partido de tenis. Al final, esa es la vida. Hay cosas mucho más importantes.»
  • «Aprecio mucho esta vida, las cosas que no se pueden comprar. Solo se vive una vez.»
  • «La gloria es ser feliz. La gloria no es ganar aquí o allí. La gloria es practicar, disfrutar cada día, disfrutar trabajando duro, intentando ser mejor jugador que antes»
  • «Aprendí durante toda mi carrera a disfrutar del sufrimiento»
  • «Puedes ganar o perder y tienes que estar listo para ambos. He practicado autocontrol desde pequeño.»
  • «No tengo ídolos, héroes, nada.»
  • «Admiro la mentalidad en el deporte más que el aspecto físico porque el rendimiento físico es mucho más fácil de practicar que el mental.»