El mejor abogado accidente tráfico en Madrid: mi opinión personal

Desde que escribí este post me ha escrito mucha gente preguntando quién era el abogado que finalmente me resolvió el asunto del accidente. Para ahorrarte el email, te dejo su contacto: se llama Borja Fau, es un tío majísimo y puedes llamarle desde haciendo clic aquí.

Encontrar un buen abogado para gestionar todos los trámites después de tener un accidente de coche es complicado. Lo sé, por experiencia, y tú lo sabrás pronto si has tenido una accidente.

Durante más de 3 años he dado vueltas por muchos bufetes y asesorías que se vendían como especialistas en accidentes de tráfico, que me prometían un servicio gratis, a comisión, o que me aseguraban que con mis lesiones casi podría aspirar a una jubilación.

Debes tener cuidado con muchos de esos picapleitos, han visto demasiadas series.   

Yo no soy abogado, ni quiero serlo, de hecho creo que a lo largo de este tiempo he cogido tirria a este mundillo abogacil. 

Lo que sí he hecho es buscar mucho, online y por muchos despachos por todo Madrid, a la caza del mejor abogado.

Buscando por Internet no me he encontrado más que con webs casi idénticas con mensajes vacíos del rollo “somos un equipo de grandes profesionales” “nuestro bufete está especializado en… (sustituir por cualquier especialidad donde pueda sacarle la pasta a alguien)… bla bla bla

Nadie hablando claro sobre tus derechos o deberes tras un accidente. O casi nadie.

Si acabas de tener un accidente y estás buscando alguien que te defienda ante la aseguradora o ante la justicia no pierdas el tiempo con tragaldabas encorbatados, busca al que te hable claro; has tenido un accidente con el coche, eso no significa que te chupes el dedo.

Esta es mi historia buscando un buen abogado tras tener un accidente en Madrid ciudad.

Espero que te ayude.

*Importante: solo es una historia y mi opinión, la de nadie más.

Había dos coches en agosto en Madrid, y me choqué con el otro, esto fue lo que pasó antes de poner a buscar un abogado

Lo primero, y antes de contarte todo el tema de indemnizaciones y demás líos, déjame explicarte cómo me di yo el golpe con el coche, porque fue de los más tonto.

De hecho si hubiera un programa de “los accidentes de tráfico más estúpidos de la historia”, después de la chica que vuelca intentando echar gasolina, yo estaría segundo.

Todo esto fue en pleno verano, un martes de agosto sobre las 5 de la tarde.

Por Madrid siempre me suelo desplazar en bici, soy de esos “biciidiotas”, como dice mi madre, que se creen los reyes de la ciudad, que miran con aire de superioridad a los coches y que saltan a la acera si es necesario para sortear un atasco.

Digamos que con los taxistas de Madrid yo nunca he hecho buenas migas…

Pero aquella tarde de agosto Madrid era un horno. Yo vivía en la calle Arturo Soria, casi en la plaza de Ciudad Lineal, y la de idea de pedalear hasta el VIPS que está en Pinar de Chamartín, donde había quedado, sin derretirme, olía a heroicidad.

Por si no lo sabes, la mayoría de calles de Madrid están en cuesta, y la calle Arturo Soria no es una excepción, por eso nadie va en bici y por eso Madrid es de las ciudades con mayor siniestralidad automovilística en ciudad. Y por eso hay tantos abogados especialistas en accidentes de tráfico…

¿Lo vas entendiendo?

–¿Y qué hacías tú un martes de agosto por la tarde en Madrid?, te estarás preguntado.

Tranqui, que eso viene ahora.

Yo, una chica, un autobús, una moto y el imbécil* que me dió por detrás

* Siento haber faltado al respeto a alguien tan pronto, y que no haya sido un abogado madrileño (de esos que se dicen especialistas en accidentes de tránsito)

Madrid en agosto es una maravilla, no hay nadie por las calles, no se paga zona azul por las tardes y no hay atascos en la M-30. – Ya te dije que mi accidente podría salir en la lista de los más ridículos del mundo, de los de accidentes de Madrid seguro.–

Pues aquel día, amigo lector, había quedao.

Ponte en situación.

Yo voy en mi coche (un Ford Focus blanco) escuchando cualquier canción reguetonera e intrascendente en Los 40, afuera también están los 40, pero grados centígrados.

Se caen los pájaros y el asfalto genera ese efecto óptico que parece que se va a derretir al pasar con el coche y te vas a pegar un golpe.

Paso el cruce de López de Hoyos, subo la cuesta de Ramón y Cajal y encaro una larga recta con perfecta visibilidad. Si ves esa calle lo último que piensas es que vas a necesitar el teléfono de un abogado.

A pesar de que es agosto, en Madrid es imposible que el tráfico sea fluido, más en una zona como esta. Llego a un semáforo y me paro detrás de una moto, una Yamaha no sé qué, de la que no miro nada.

En el carril izquierdo, casi a mi altura pero un poco más adelante, está también parado un autobús de la EMT (empresa municipal de transportes de Madrid), y dentro del autobús, sentada en los asientos finales pegada a la ventanilla, una chica.

Una chica muy guapa. Una chica que, sin quererlo, me provocaría muchos meses de pleitos.

Y sin habernos conocido…

Para nada soy el típico que se queda mirando a la primera mujer que pasa, pero en aquella situación, por la razón que sea, fue inevitable. Mientras su autobús y mi coche esperan en el semáforo nuestras miradas se cruzaron, ella en la fila derecha de un bus azul del ayuntamiento de Madrid y yo en un Ford Focus blanco, y el tiempo se paró.

¿Sabes ese segundo y medio que pasa hasta que dos personas se dan cuenta que se están mirando? Pues parecieron 2 horas. Ella era bastante guapa, o eso creo, y mi cerebro, sin más entretenimiento que el asfalto derritiéndose, se quedó embobado mirándola.

Sin dejarle tiempo a mi cerebro a procesar toda la información, el autobús en el que viajaba, ya con el semáforo en verde, arrancó. Yo, de forma inconsciente, y sin mirar dejar de mirarla, metí primera y también arranqué.

Me gustaría contarte un final de película hollywoodiense, pero no fue así.

El autobús de la chica era muy largo y ocupaba lo que cinco coches de mi carril, así que cuando el carril izquierdo ya se había empezado a mover el derecho todavía no. Yo estaba mirando al autobús así que arranqué antes de tiempo y embestí al de la moto.

Así es la vida.

La historia no acaba ahí.

El de la moto se enfada y segunda parte del accidente, abogaaaaado, dónde estás abogado….

El tipo de la Yamaha, haciendo importantes aspavientos, se bajó de su motocicleta y se dirigía hacia mí con aires de combate cuando, de repente, lo vi apartarse de un salto de la carretera.

La segunda parte de la historia, y por la que yo me gané un triple esguince cervical, se entiende conociendo los coches eléctricos de alquiler que hay en Madrid.

La gente se sube en el coche de alquiler, paga por minutos y hace lo imposible por ahorrar unos céntimos. Eso se traduce en temerarios madrileños en Car2gos, Zitys y Emovs excediendo, con mucho, la máxima velocidad permitida en las calles de la capital.

Es subirse a uno de esos y cambiar la percepción del riesgo de tener un accidente. Lo importante es ahorrar 12 céntimos.

Pues uno de estos energúmenos no se dió cuenta de que estábamos parados en medio de Arturo Soria y me dió por detrás. 

Siempre había pensando que lo del latigazo cervical era una estrategia para estafar al seguro, pero ahí lo entendí. Mira que me había puesto en tensión al ver al motero soltándome improperios por chocar con él, pero sentí como si me sacudiera como un látigo, literal.

Crecí con historias de colegas de colegas que iban a dar vueltas a rotondas hasta provocar un accidente con un incauto con un buen coche y que conseguían cuantiosas indemnizaciones de las aseguradoras. Todo bien asesorados por abogados sin escrúpulos cobrando en negro por los trámites del accidente. 

Supongo que nunca habían tenido un accidente o si lo habían tenido su abogado era muy bueno.

Ahí empezó la búsqueda del mejor abogado de tráfico de Madrid

El tipo del coche que me dió por detrás se puso super nervioso, no sé si por el golpe o por el miedo a que los minutos siguieran pasando mientras que el de la moto se tranquilizó.

Mi coche, con el impacto por atrás del otro vehículo, había vuelto a golpear su motocicleta y, supongo, que ya empezó a pensar en la pasta que le iba a sacar a mi seguro por el accidente. O quizás tenía un amigo abogado, o era él abogado… pero yo no.

El de atrás, entre balbuceos, llamó a la empresa de alquiler y se lavó las manos. Hasta donde sé pagó la franquicia, unos 500€ y se desentendió.

Pequé de ingenuo y al final necesité un maldito abogado

El caso estaba bastante claro, quién da por detrás paga. Yo pagaba al de la moto y el de atrás me pagaba a mí, pero la ley nunca está clara del todo, y los abogados lo saben.

El primer abogado que contraté fue una recomendación. Una compañera de curro, a la que habían atropellado en un paso de cebra, me recomendó el abogado que llevó su caso.

A ella la había subido al capó un Seat Ibiza de 1996, matrícula de Jaén, con más años que las carreteras. No le hizo apenas nada pero su abogado consiguió una indemnización muy golosa. Vamos, lo que yo quería, cobrar una indemnización por el accidente.

Todo empezó bien, pero el tipo parecía el abogado de la Pantoja, estaba tan liado que cuando sacaba mi carpeta no sabía ni cómo me llamaba.

Además el tipo insistía en que me hiciera el dolorido para sacarle más pasta al seguro. Al principio fui reticente, pero cuando me habló de lo que cobraría cada día que pasara con uno de esos horribles collarínes puesto todos mis valores se esfumaron.

Doctor, me duele mucho el cuello, me mareo y tengo ganas de matar personas.

El médico me firmaba los partes casi por inercia, porque en el fondo los dos sabíamos que le estaba echando cara.

A mi abogado le debió caer un caso más importante que mi accidente y en el bufete me asignaron otro, un tío de unos 55 tacos, con pelo de rico, pero sin serlo.

¿No sabes cómo es el pelo de los ricos?

Hagamos un inciso, porque esto es realmente importante.

Mira.

Hay un tipo que se ha dedicado durante años a hacer fotos al pelo de los hombres ricos, y todos lo llevan igual, al menos en la zona donde lo conservan.

Abogado accidentes tráfico Madrid opiniones

¿Y cómo sabe si un hombre es rico? Por el coche.

Ya, pero eso puede fallar, un mindundi hipotecado hasta las orejas puede conducir un coche caro. 

Cierto, pero se fija en las ruedas, el mindundi las puede llevar gastadas, el rico no tiene problema en aflojar 3.000 pavos en ruedas.

Pues mi nuevo abogado de accidentes llevaba el pelo como un rico, pero no lo era porque sus ruedas parecían slicks de un fórmula uno. Con el tiempo me di cuenta que es corte de pelo es muy frecuente en el mundo de la abogacía.

La lección del “yonki simpático” que tuve que aplicar a mi segundo abogado de accidentes de tránsito

El segundo abogado en llevar mi caso también se vendió como “el mejor abogado de accidentes de Madrid”. 

En fin…

Sin embargo, su pelo de “honorarios altos” (rico) me inspiró confianza así que seguí sus instrucciones, las cuales parecía tomar siguiendo un criterio un tanto aleatorio.

Alarga la baja, vamos a pedir siniestro por tu coche, vamos a recurrir la indemnización…

El hombre quería poner una reclamación por todo.

Yo, que para aquella ya me había hecho un nombre en un conocido foro de accidentes de tráfico, me empecé a oler que lo que me decía eran todo sinsentidos, así que, como le dijo el Yonki simpático a la mujer del coche que robó: “le tuve que invitar a que se fuera”.

Y, por fin, conocí, bajo mi sesgada opinión, al mejor abogado de accidentes de la comunidad de Madrid

Bueno, abogada, en este caso.

Después de la mala experiencia con el fanfarrón de los caracolillos en el pelo, que calculaba con los dedos los puntos de las secuelas de mi accidente de tráfico, estuve a punto de abandonar.

Solo faltaba un mes para el juicio y estaba condenado a pagarle al de la moto, al del atrás e incluso al chófer del autobús.

Entonces apareció el despacho de abogados soñado, y una mujer mega-eficiente en mi defensa.

Aunque de tanto leer por internet ya me había convertido casi en experto, no terminé de entender la maravillosa exposición que hizo en el juicio. Se metió al juez en el bolsillo y remendó todos los desaguisados que mis anteriores abogados habían liado.

¿Cuánta indemnización me llevé?

Poca, para todo el lío, pero bueno.

Entre lo que me gasté en la minuta de los abogados, más el traje que me compré me chamusqué gran parte de los 3.867 € que cobré de indemnización por el esguince cervical y resto de secuelas.

Entre lo que se alargó el proceso, y que ya no me acordaba de lo que me había dolido la espalda, me supo a poco.

Aquí van algunas preguntas que me hacen mucho

¿De verdad merece la pena contratar un abogado de accidentes?

Pues depende de la hostia que te hayas dado, del baremos, de quién tengas al otro lado en el posible juicio y de muchos factores, pero por lo general, si es bueno, sí, merece la pena.

¿Es diferente un abogado de accidentes de tránsito de un abogado de siniestros?

No, pero alguno de los primeros te puede provocar un buen siniestro si no buscas bien. Por suerte en Madrid hay muy buenos profesionales (algunos)

¿Se puede denunciar a un abogado?

Claro, puedes denunciar a quien quieras, pero recuerda que un abogado ha estudiado derecho, conoce las leyes y se dedica a eso, tú no. Métete con alguien más débil, ¿no?

¿Tienes puntos de discapacidad?

No, el esguince se me curó con fisioterapia, y lo de la cabeza ya lo traía de serie.

¿Cómo puedo calcular la indemnización que me corresponde?

En Internet hay cientos de calculadoras de indemnización de accidentes, revísalas antes de hablar con tu abogado.