No seas mediocre

A veces uno da con textos que no cambiaría una palabra, en este caso un libro “El hombre mediocre”, de José Ingenieros.

Escrito en 1913, pero actual al máximo, analiza con flipante prosa diferentes roles de la sociedad; el hombre mediocre es uno, el superior o idealista (invencible) es otro.

Aquí va un resumen un poco personal del libro con algunas de las características que los definen, muchas frases son literales, no me atrevía a cambiar una coma.

Después de leerlo me di cuenta de lo realmente difícil que es no dejarse arrastrar por la vorágine de mediocridad generalizada de la sociedad, quizás si te identificas en parte te sirva para recuperar las herramientas que como ser humano tienes para ofrece tu máximo potencial en una vida que merezca la pena recordar.

La mediocridad, ¿qué es?

Individualmente considerada, la mediocridad puede definirse así:

Ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad, verdaderas particularidades más allá de ser de un equipo u otro, de coger vacaciones en julio o en agosto, de muslo o pechuga.

La sociedad ofrece a todos un mismo fardo de rutinas y prejuicios, la personalidad individual comienza en el punto preciso donde uno es capaz de diferenciarse, o de no diferenciarse, pero consciente de la decisión. En mucha gente este punto no está muy claro…

La gente mediocre carece de rasgos característicos, viven de lunes a viernes haciendo algo que no les gusta y ansiando el fin de semana para no hacer nada, viven sin que se advierta su presencia.

La sociedad piensa y quiere por ellos, cruzan el mundo de puntillas, con miedo a que alguien les reproche esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida.

Las existencias vegetativas no tienen biografía, viven sin rastro, muchos nacen, pocos viven. Son innumerables y vegetan moldeados por el medio, vagan por atascos y centros comerciales limitando su personalidad al vestir y poco más.

Sin embargo es inútil buscarlos, aunque están en todas partes nadie admitiría serlo, todos nos atribuimos cierta personalidad, y si lo hubiera, sería un original por reconocerse mediocre.

Los hombres mediocres solo pueden definirse en relación con la sociedad en que viven, su aspecto o su status social. Copian una personalidad perfectamente adaptada a vivir en rebaño. No viven para sí, sino para el fantasma que proyectan en la opinión de los demás, en una constante y agotadora alerta por el juicio ajeno.

Los mediocres son incapaces de volar hacia una cumbre o de batirse contra un rebaño, ignorar el placer de proclamar ¡Yo soy! frente a los demás. Siguen el camino de las menores resistencias, nada a favor de corriente, no hay mérito en su nadar aguas abajo, es simple incapacidad de nadar aguas arriba.»

José Ingenieros  «El hombre mediocre»

Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, a menudo delante de una tele, vegetando en una sociedad que ignora su existencia.

Su debilidad mental les obliga a vivir en constantes altibajos, afectados al extremo para bien y mal. La menor corriente les tambalea, cuentan con todas las armas de la evolución humana pero las desaprovechan, son potentes barcos de amplio velamen, pero sin timón.

El horror de lo desconocido los ata a mil prejuicios, carecen de iniciativa y miran siempre al pasado, como si tuvieran los ojos en la nuca. Prefieren seguir dormidos imitando al montón ante cualquier innovación que turbe su cómoda incomodidad.

Algo está cambiando

Venimos de una época de acomodamiento, los años 2000 vinieron con viento a favor, trabajo y comodidades accesibles, un rumbo tan marcado que hacía innecesario el timón, un pisito, un buen coche, el “éxito” al alcance de todos, fueron muy pocos los que mantuvieron sus ideales sin ser tildados de locos.

La mal llamada crisis es un despertador de mediocres, no poder tener una silla en la que poner el culo haciendo no importa qué por mil y pico euros ha puesto las pilas a mucha gente. Estamos en época de florecer, de innovar, de crear, de romper moldes y creencias, de soñar muy fuerte.

Gente invencible vs Gente mediocre

Algunas personas, conscientes del condicionamiento mental adquirido, tratan de buscar variaciones propias, una personalidad de veras individual acorde con el buen sentido, más allá del sentido común.

Todo ser humano, por defecto, posee las herramientas para poder disfrutar de una personalidad específica, sólo algunos recogen el guante.

Si la característica del hombre mediocre es la imitación, la del hombre invencible es la imaginación creativa, uno aspira a no llamar la atención, el otro tiende a diferenciarse.

El hombre invencible es un accidente provechoso para la evolución humana. Es original e imaginativo, es precursor de nuevas formas de perfección.

Las rutinas defendidas hoy por los mediocres son ideales concebidos ayer por hombres originales.

El grueso del rebaño social va ocupando, a paso de tortuga, las posiciones atrevidamente conquistadas mucho antes por los “locos” de la época; y estos ya están muy lejos cuando la masa cree asentar el paso hacia adelante.

Lo que ayer fue ideal contra una rutina, será mañana rutina, a su vez, contra otro ideal, y así indefinidamente.

El hombre vulgar persigue un empleo digno de estimación pública, indignamente si es necesario, el genio se mueve en su propia órbita, como si fuera su vida un perpetuo amanecer.

Exito vs gloria

El hombre mediocre ansía reconocimiento, delega su bienestar en la opinión de los demás. No sospecha que existe otra cosa, la gloria, ambicionada solamente por los caracteres superiores. Uno se mendiga, la otra se conquista, resistiendo las tentaciones del aplauso inmediato.

Los grandes cerebros ascienden por la senda exclusiva del mérito; o por ninguna. Saben que en las mediocracias se suelen seguir otros caminos; por eso no se sienten nunca vencidos, ni sufren de un contraste más de lo que gozan de un éxito; ambos son obra de los demás. La gloria depende de ellos mimos. “

José Ingenieros «El hombre mediocre»

Los nobles ingenios confían en sí mismos, luchan, salvan los obstáculos, se imponen. Sus caminos son propiamente suyos. Mientras el mediocre se entrega al error colectivo que le arrastra, el superior va contra él con energías inagotables, hasta despejar su ruta.”

Jóvenes y mediocres

Si como resultado del cambio de paradigma que vivimos sería de esperar que las nuevas generaciones trataran de guiar su propio camino, no parece estar siendo así.

Fruto de un sistema educativo que intenta borrar toda originalidad poniendo iguales prejuicios en cerebros distintos son inmensa mayoría los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado, y sin más aspiraciones que vegetar por el manido trabajo para toda la vida.

Si lees esto y eres joven, wake the fuck up, apaga la tele y lee como muchas personas a lo largo de la historia han tenido el descaro de abrir nuevos caminos, a pesar del rechazo del resto.

Stay weird

Cuentas con todo el potencial imaginable, millones de antepasados han sufrido al servicio de una evolución que sólo honrarás ofreciendo tu mejor versión, el mediocre desaprovecha su infinita capacidad en una vida de horizontes estrechos, es un fórmula uno viajando a 10 por hora, y mirando por el retrovisor.
Si quieres ser protagonista en tu vida, sacar tu fórmula 1 del atasco y pisar las cumbres de tu existencia, reflexiona sobre la vida que estás llevando, hacia donde se dirige y si esa dirección es la correcta porque tú lo has decidido o porque es la que lleva el resto. Atrévete a ser diferente escribiendo tu propia historia.

Stay weird, stay different.

Artículo inspirado en el libro «El hombre mediocre» de José Ingenieros y en este artículo de Ernesto Cañar