El panoptismo social

A finales del siglo XVIII surgió un nuevo modelo de diseño para las cárceles, una torre central en un patio rodeada por un anillo de celdas que permite observar a los reclusos sin que ellos sepan si son observados o no. Con este sistema, llamado panóptico, sólo es necesaria la mirada de un vigilante ya que, para los reclusos, la mera presunción de ser siempre vistos termina haciendo que se vigilen a sí mismos. ¿funciona así la sociedad?

panoptismo social

En 1975, Michel Foucault extrapoló esa idea a la sociedad, lo llamó el panoptismo, la era del control social, más de 40 años después la teoría es cada vez más actual.

Todos tus comportamientos como ser humano son juzgados, de forma consciente o no, por la opinión de la mayoría.

Tú, de forma inconsciente, comparas cada comportamiento, tuyo o de los demás, con esas “normas” comúnmente aceptadas que lo definen como aceptable o no. Cualquier decisión sobre cómo llevar tu tiempo de vida se ve definida por esas normas “sociales” establecidas. Normas que padres y profes se suelen esmerar en enseñarte.

Ese Gran Hermano ilusorio, que a menudo llamamos sentido común, y define los comportamientos como aceptables o no, es la torre de vigilancia de la cárcel panóptica, que nos induce a un estado de permanente visibilidad, haciéndonos sentir vigilados sin estarlo.

Ser vistos en un comportamiento «no aceptable» supondría no encajar en la sociedad, y nos da pánico.

Pasa el suficiente tiempo con un grupo de gente y tendrás una noción muy precisa de lo que consideran aceptable, es más, empezarás a comportarte de esa manera. Esto funciona para tu familia, trabajo o grupo de amigos, todos funcionan bajo los principios de “normalización” del panoptismo, con roles de vigilantes y vigilados. En tu familia hay comportamientos que no son aceptables que sí pueden serlo en otras, y viceversa.

Lo mismo ocurre en un nivel superior, como no puedes evitar “pasar tiempo” en la sociedad no puedes evitar regular tu proceder en la vida en función de lo que la sociedad dicta como correcto

¿Por qué todos queremos ir a la universidad?

¿Por qué todos queremos un buen coche?

Tú, como individuo, no eres vigilado, pero sí incentivado a actuar de cierta forma. Focault dice que en todos los planos de la sociedad moderna existe un tipo de “prisión continua”, todo está conectado mediante la vigilancia, deliberada o no, de unos seres humanos sobre otros, en busca de una “normalización” generalizada.

Los roles y la manera de actuar a la hora de relacionarnos están tan definidos que salirse lo más mínimo implica crítica, haciendo muy difícil el desarrollo de relaciones espontáneas o sinceras.

Nos vigilamos unos a otros, sin saberlo, y nos creemos libres, sin serlo, y esa es nuestra cárcel

Cada vez que criticas a los que no son o piensan como tú contribuyes, desde tu jaula sin rejas, a acallar y entorpecer ideas hoy “inaceptables”. Pero la vida nos enseña que, con frecuencia, lo que ayer fueron ideas “inaceptables” hoy son nuestros pensamientos.

Yo era de los que pensaba que había que ir a la universidad sí o sí, que una formación profesional era desperdiciarme, con el tiempo los que se decidieron por el camino de buscar una profesión que les llenara me han demostrado lo equivocado que estaba, y como ese veo ejemplos a diario.

Por suerte siempre existirán aquellos que arriesgándose al ridículo deciden romper el molde; son los que marcan el camino y crean las nuevas ideas que terminarán siendo las correctas.

Lo diferente es, por definición, marginal e impopular, apaga por un momento tu cerebro y dale, desde el corazón, oportunidades a lo distinto, suelta la cuerda que te ata a lo “normal”, aparta tu vigilancia y trata de juntarte con gente que haga cosas distintas, lo que sea, basta con que lo sea para ti.

Hace pocos días tuve esas sensación de aprendizaje fruto de apartar mi vigilancia inconsciente sobre el comportamiento de alguien. No suelo ir por una iglesia con frecuencia, y alguna vez me podrás haber escuchado definir al cura como “ese señor disfrazado” pero en esta ocasión me dije a mí mismo que ya que estaba allí (era un entierro tenía que estar) por qué no desapegarme de mis creencias y escuchar sin juzgar.

Lo que me encontré entonces fue a un hombre que, con una dialéctica envidiable y una voz radiofónica, no podía mostrar más entusiasmo en lo que hacía. Más allá de encontrar el sentido a su discurso me llevé una inesperada lección de oratoria y pasión, el tío cumplía con todas las pautas comunicativas ideales, el señor del disfraz me estaba dando una lección.

Desde mi creencia hacia el cura de “qué dirá este pollo vestido así” poco o nada me hubiera llevado de aquello, hubiera servido para alimentar la idea egocéntrica de “qué diferente soy de este tío”. En su lugar aprendí un montón escuchando a ese hombre hablar de lo humano y lo divino.

Ser de los que rompen moldes está al alcance muy pocos, arriesgarse a pagar el peaje de ser señalado es una demostración de personalidad no muy frecuente. Entretanto, mientras logras juntar el valor para tomar tu propio camino y dejar de participar en esa vigilancia mutua con el resto del mundo, arrímate, inspírate y aprende de los que lo están haciendo.

Hay demasiada gente haciendo cosas “normales”, por el bien de todos, no seas uno más.

​El orden de los estados no tolera ya el desorden de los corazones»

Inspirado en «Vigilar y castigar» de Michel Foucault

Y para terminar un temazo que metáfora tras metáfora clava este asunto, da igual si no entiendes alguna, disfrútala.