He ido de pardillo a un curso de meditación Vipassana, así me han ido 10 días en silencio

Este artículo es un resumen de mi primera (y segunda) experiencia en un curso Vipassana y la situación previa que me llevó a ir. También hay una pequeña explicación teórica y práctica de todo el concepto del Dhamma y de la técnica de meditación Vipassana, sin spoilers ni tecnicismos yoguis.

Disclaimer: Estoy escribiendo esto el día después de haber salido de un curso Vipassana de 10 días. Son las ideas que no he podido escribir y que me servirán a modo de apuntes así que no te lo creas, mejor prueba, podría estar muy equivocado.

ACTUALIZADO 30 mayo 2019

curso Vipassana en Candeleda, experiencia

¿Por qué he ido a un curso Vipassana?

Argumento 1: profesional. Atención y productividad 

Hace un tiempo leí una frase que decía algo así:

«En 20 años la capacidad de mantener la atención será más importante que cualquier otra habilidad o conocimiento»

Imagínate dos personas: la primera tiene un nivel de conocimientos y habilidades de 9 sobre 10 mientras que la segunda de 6 sobre 10. El problema de la primera es que solo puede estar 15 minutos sin mirar las notificaciones del móvil y salta de una tarea a otra todo el tiempo. La segunda, sin embargo, se mantiene concentrada sin problema inmune a los estímulos externos. ¿A cuál contratarías?

Para saberlo puedes aplicar la fórmula del valor del trabajo de una persona que cuenta Victor Kuppers en su hiper super mega celebrada Ted Talk:

Valor= (Habilidad + Conocimiento) x Actitud

Es imposible que haya actitud sin concentración. Si tu mente salta de un tema a otro sin control tu productividad se aniquila. ¿No te lo crees? Te propongo un ejercicio.

Cronometra primero lo que tardas en decir al abecedario de la A a G y contar del 1 al 7. Luego mide lo que tardas en hacerlo pero alternando letras y números, 1A, 2B…

A medida que lo hagas con más letras y más números, es decir, tareas más complicadas, la diferencia se dispara.

También me había dado cuenta de que cada vez me costaba más leer textos largos; frente a un párrafo de un grosor importante una pereza inmediata me asolaba.

Además, me encontraba más a menudo con la desagradable experiencia de estar leyendo y tener que volver arriba al darme cuenta de que en los últimos 6 párrafos mi mente había estado en cualquier sitio menos allí.

También he escrito mucho en los últimos 2 años. He aprendido estrategias para que la gente siga leyendo lo que escribo y he visto que mantener viva la atención del lector se ha convertido en un reto. El copywriting ya es casi una lucha frente a la cortísima mecha del hastío. Adverbios terminados en -mente o párrafos de más de 3 líneas son el napalm de la atención humana. Así nos encontramos con textos que tras cada frase hay un salto de línea. La RAE está tardando en regular esto. Yo he escrito textos así con la sensación de estar cometiendo atrocidades ortográficas pero el lector ha dejado de ser tal para convertirse en escaneador, y así lo tratamos.

No voy a utilizar estas estrategias aquí. Mejor si sale un ladrillo, veamos así qué tal va tu capacidad de atención. Si te ha sido imposible acabarlo por demasiado espeso, regálame un TL;DR (too long, didn´t read) en los comentarios.

Estaba claro que yo también estaba afectado por esa inestabilidad de la atención ¿cómo podría combatir la tuiterización de mi mente?

Argumento 2: personal. Dominio de la mente e infelicidad

Para la productividad es obvio que poder manejar tu mente hace la diferencia, pero, ¿cómo afecta a la vida en general?

Seguro que te has encontrado con una idea, situación o experiencia, buena o mala, viniéndote a la mente sin parar. Sin pedirte permiso tu mente te envía una y otra vez lo mismo. No soy el único, ¿verdad?

Imagínate que de las dos personas de antes la primera vive en una constante preocupación por las opiniones de los demás, con miedo a posibles situaciones futuras y regocijándose o sufriendo por situaciones pasadas. La segunda fluye con su vida, gestiona de forma sana sus emociones y duerme plácidamente cada noche. Me pido ser el segundo.

A estos dos argumentos se le sumaba que las 2 personas que había conocido que practicaban Vipassana, no solo lo recomendaban al 100%, si no que emanaban una confianza y seguridad en sí mismas a envidiar. ¿Sabes ese tipo de persona que ves que es casi imposible generarle un problema? Ir así de sobrado por la vida tiene que ser la ostia, pensaba.

Con este catálogo de argumentos, y la constante auto obligación de exponerme a situaciones que me sacudan un poco de la comodidad rutinaria, me apunté a un curso de meditación Vipassana que se realizaría en un pueblo de Ávila, Candeleda, en las instalaciones de Dhamma-Sacca. El nombre ya sonaba una frikada para una corriente y desentrenada mente como la mía, ni te imaginas lo que pasaría después.

Qué es Vipassana y qué se hace en los cursos

No soy un experto, si quieres toda la información oficial la puedes encontrar en Dhamma.org, estas son mis ideas que, como siempre, son sesgadas.

Vipassana es una técnica de meditación que lleva 25 siglos rumbando por ahí. Sí, meditar es sentarse en el suelo, cerrar los ojos y focalizar tu atención sin que tu mente empiece a brincar de un lado para otro. ¿Fácil? No para los inflexibles esqueletos e hiper estimuladas mentes occidentales, créeme, lo he comprobado.

Hay muchas técnicas de meditación, pero esta consiste en observar la realidad de las sensaciones del cuerpo. Que esa frase no te suene a nada raro, milagroso ni trascendental, Vipassana es sentarse en el suelo a mirar dónde te pica, dónde te duele o cualquier tipo de sensación física real que sientas en el cuerpo. Y lo más importante, sin juzgar, solo observar, con la palabra clave de la técnica, ecuanimidad.

Los primeros días solo se trabaja con la respiración, observándola y observando las sensaciones que genera en la zona de la napia. Por qué se hace así me llamó mucho la atención. En el cuerpo humano podemos separar todo lo que pasa en dos tipos de movimientos:

  • Voluntarios: mueves las manos, los pies, hablas…
  • Involuntarios: latir del corazón, hacer la digestión… no puedes decirle a tu corazón que pare de latir.

Luego está la respiración, que puede funcionar de ambas maneras, si estás a otra cosa ella sigue ahí dándole y si quieres respirar más rápido o más despacio intencionadamente también puedes.

Por eso se dice que es la puerta al interior.

No hay nada que hacer más que cerrar los ojos y observar.

Tampoco se levita. Shit!

¿Para qué se practica Vipassana?

Te lo voy a resumir en una frase que tu mente entienda: para ser jodidamente feliz. No hay más.

Salvo que estés como las maracas de machín es aspiración natural del humano disfrutar de una vida plena. Solo conozco bien a un humano, y eso dispara el sesgo de la muestra, pero ese humano, el que escribe, quiere vivir muy feliz, qué le vamos a hacer.

En términos vippassianos es seguir el camino del Dhamma, una forma de estar en el mundo para conseguir la paz y armonía imprescindibles para una vida feliz. El Dhamma es una ley universal, como que todo lo que sube baja, el amor de una madre o que el mejor gol de la historia lo metió Mendieta.

Armonía, seguir, camino, Dhamma, un curso de 10 días sin hablar… STOP ¿secta? Es la primera palabra que salió de la boca de mi madre cuando le dije dónde iba.

Algún día hablaremos de los atajos heurísticos de la mente, que con tres datos saca conclusiones tajantes; este es un caso. Por eso una de las razones de este artículo es poner luz a esto para que cualquier persona, haya ahondado poco o nada en el mundo del desarrollo personal, sepa de qué va. La mayoría de explicaciones que encontrarás online, web oficial incluida, despiertan un tufo a magufo que espanta a cualquiera que no haya dado ya varios pasos firmes en el camino del autoconocimiento.

Si leyerais las reacciones de mis colegas en el grupo de Whatsapp os descojonaríais, de secta para arriba, y poco me parece. Para que esto crezca se tiene que sortear el radar anti cienciología hablando el lenguaje de la gente, de eso va este artículo.

La meditación Vipassana es una herramienta, un método. Si ser feliz es hacer la mejor paella del mundo el Dhamma es la ley universal de las paellas, Vipassana la receta y los cursos Vipassana un taller intensivo de cocina.

No se reza a nadie, no hay discípulos, velas ni estampitas, ni se da vueltas a ninguna piedra. No hay fe ciega, ni credos, tampoco se pasean muñecos. Y lo mejor de todo, no hay que esperar a morirse para ver los resultados.

Lo que pasa que empezamos a hablar de meditación, de buda, de iluminaciones y de purificación de la mente y a la peña ya le huele a incienso y a suicidios colectivos. Somos así, con nuestros condicionamientos, follow the leader leader, hay que entenderlo.

Aparte, ya sabes que yo solo muevo mierda de la buena. Esta, hasta ahora, lo parece.

Vamos a ir aclarando conceptos, Vipassana es una técnica, ¿pero y eso del Dhamma? Luego lo veremos, antes quiero contarte algo.

Cómo se adquiere el conocimiento en el curso

Hay tres maneras por las que puedes adquirir una información o sabiduría.

  • A través de otros: alguien te cuenta cómo se hace la paella y tú te lo crees a base de fe.
  • Intelectual: te cuentan cómo hacer la paella e intelectualmente lo comprendes y aceptas como cierto.
  • Experiencia: bajas al super, te pones el delantal y cocinando comprendes la verdad sobre cómo hacer una paella que tu cuñado no pueda jamás superar.

Usando un ejemplo conocido, el mensaje que predica la religión católica solo es comprensible de la primera manera. De forma intelectual no se puede comprender, hace falta mucha fe, toneladas de fe, para tomar como cierto que el mundo viene de Adán y Eva o que a María la preñó una paloma.

Por la experiencia tampoco puedes cerciorar el mensaje, porque hasta que te mueres no sabes si estás en la lista de San Pedro o tienes a Satanás calentando el grill.

Este tema del Vipassana es justo lo contrario. Aquí está esta información, esta es la explicación física, y este es el método para experimentarlo. Cógelo, si te da la gana, y mucha suerte. No hace falta que nos pongas una velita.

A lo largo de los 10 días del curso se enseñan las pautas del Dhamma y la técnica de meditación Vipassana como llave de acceso. Como la base de la comprensión del mensaje es la experiencia el grueso absoluto del tiempo es la práctica. Traducido al idioma de mis colegas: levantarte a las 4 am, poner el culo en un cojín, cerrar los ojos y tirarte 10 horas observando cómo respiras y dónde te pica, así 10 días.

La metodología va en una secuencia fácil de seguir pero que requiere de un esfuerzo completo: físico y mental.

Como ya sabes Vipassana se incluye en algo más grande, y el verdadero objetivo. Vamos con ello.

Qué es el Dhamma

También se le conoce como el arte de vivir. Una manera de estar en el mundo para vivir feliz sin dejar espacio a que te afecten los problemas. Aquí van algunos conceptos básicos de esta ley universal. Prometo intentar utilizar el vocabulario más comprensible que pueda.

Las raíces de la desdicha

Hay tres elementos que no faltan en la vida de cualquier humano:

  • Deseo: quiero algo que no tengo.
  • Aversión: no quiero algo que tengo.
  • Ignorancia: sobre realidades (leyes universales) que nos afectan a diario.

Desde que nacemos, por definición, estamos expuestos a esto. A medida que crecemos, y más en esta sociedad, vivimos a saltos entre ansiar cosas que no tenemos y repudiar cosas que sí tenemos. Por si fuera poco nuestros ojos solo ven hacia afuera y nadie nos dice que hacia dentro también se puede mirar. Sabemos cómo funciona un iPhone pero no nuestra mente. Todo esto es lo que se conoce como desdicha. Liberarte de esta desdicha es el fin último de Vipassana.

Con un ejemplo se ve mejor. Alguien te insulta, has recibido algo que no quieres; este el proceso por el que pasa el insulto a través de tu mente y tu cuerpo:

  • Recepción: tus oídos reciben el insulto, es físicamente inevitable salvo que seas sordo.
  • Comprensión: si el insulto es en español, y tú eres muy y mucho español, también es inevitable que lo entiendas.
  • Valoración: tu mente recibe el mensaje y lo califica como agradable o desagradable, en este caso se están cagando en tus muertos así que todo indica que no lo aplaudirá.
  • Emoción: se genera una emoción en tu cuerpo, que siempre va a asociada a cambios bioquímicos internos, se puede acelerar la respiración, el pulso o cualquier sensación.
  • Reacción: te cagas de vuelta en toda su familia o te lo tragas.

Si reaccionas y le devuelves el veneno estarás avivando un fuego que hará arder a los dos y multiplicará la desdicha de ambos. Tanto si le insultas de vuelta, como si te lo tragas, es probable que te quedes mascando el insulto tres días. Además, cada vez que te cruces a esa persona, volverás a recordarlo, generando nuevas emociones negativas no gestionadas.

Con Vipassana se busca meter primero un espacio entre la emoción y la reacción, para finalmente ser capaz de anticiparse y no permitir ni que el insulto pueda afectarte.

En resumen, es crear un escudo anti problemas. La vida seguirá brindando circunstancias y situaciones de mierda, pero tú tendrás el poder de que no te afecten. ¿Te imaginas? Al final te cuento un ejemplo que cómo esto marcó la diferencia en la época nazi.

¿Qué es un sankhara?

Con ese insulto recibido o con cualquier de las infinitas situaciones que puedan generar aversión o deseo, si no se gestionan generarán lo que se conoce como sankharās.

Ojo que sacamos el microscopio.

La ciencia ha demostrado que el cuerpo humano está formado por infinitas partículas subatómicas en constante vibración, en constante cambio. Tantos años de colegio y nadie me había contado que resulta que mi cuerpo no es sólido y que cada emoción no gestionada convierte en una especie de nudo que impide la natural vibración de las partículas. Esos nudos se llaman sankharas.

La mente consciente, en el día a día, no se acordará del insulto que recibiste, pero sí tu mente inconsciente. Por fuera todo parecerá en orden, hasta que te cruces de nuevo o te acuerdes del cabrón que te insultó y vuelva a brotar la emoción negativa. Extrapola eso a todas las situaciones donde has generado deseo o aversión a lo largo de tu vida; tenemos mierda ahí adentro a paladas.

La meditación Vipassana permite bajar a la mente inconsciente para reconocer y erradicar esos sankharas. Si te suena tan a locura como a mí, lee mi experiencia bajando al sótano de la mente.

Aligerando la carga

El día 8, después de más de una semana meditando en aquel cojín empecé a sentir por primera vez lo que en Vipassana se conoce como «flujo libre». Fue justo al final de la última meditación de grupo donde no te puedes mover en una hora y es un flujo de sensaciones sutiles por todo el cuerpo. Había empezado a bajar al inconsciente. Me costó horrores mantenerme ecuánime ante ese suave baño de vibraciones, porque de eso se trataba, de observar sin juzgar.

A medida que profundizas en la mente inconsciente digamos que vas quitando capas que permiten ir desenterrando sankharas.

Tras el discurso, y en la última media hora de meditación, viví por primera vez la experiencia de liberar uno de esos nudos.

Podía sentir vibraciones sutiles por todo el cuerpo salvo en una zona en la parte alta de la espalda donde la sensaciones eran de todo menos sutiles. En Vipassana se les llama sensaciones burdas, son desagradables y se asocian a sankharas de aversión, frente a las sensaciones sutiles que se asocian a sankharas de deseo.

Poniendo toda mi atención en esa incómoda sensación empecé a notar como se iba diluyendo, como un volcán que pierde fuerza, hasta desaparecer y que la sensación de flujo libre volviera a recubrir mi cuerpo. Cuando abrí los ojos estaba en un baño de sudor y sentía una ligereza al caminar que me daba la risa floja.

Fue una sensación tan rara, que nunca había tenido, que desde ese momento he estado pensando en cómo describirlo con precisión. Si estás leyendo esto y no te lo crees, bien por ti, yo tampoco me lo creería si me lo contaras.

Los dos últimos días volví a vivirlo más veces, y espero que sean muchas más.

La erradicación total de hasta los sankharas más enraizados combinada con aprender a no generar nuevos supondrían lo que se define como «purificar» la mente.

Según esta teoría hay alternativa frente a la infelicidad que por defecto generamos. Yo aun no lo he comprobado pero esto es lo que me han contado.

¿Solo consiste en erradicar esas situaciones enquistadas del pasado sentado con las piernas cruzadas? No iba a ser tan fácil alcanzar la iluminación, amigo. Keep reading.

Las tres partes del camino del Dhamma

También se le conocen como los tres adiestramientos. Digamos que son las asignaturas que tienes que aprobar para ver flotar tu culo un palmo sobre el suelo.

1. Moralidad (sīla)

Unas pautas básicas de comportamiento estilo no mentir, no robar y tal. Ser un buen ciudadano porque todo lo malo que repartas te viene de vuelta, y ya tenemos mierda en casa suficiente como para multiplicarla.

Las normas del curso te hacen cumplir con esta moralidad. Si no puedes hablar no puedes mentir…

Puedes echar un ojo a todas las normas de disciplina aquí. Te adelanto alguna, dieta vegetariana, silencio absoluto, segregración por sexo, hay que levantarse a las 4 de la mañana… algunas joyitas que hacen que alguno escape el primer día.

2. Dominio de la mente (samādhi)

Si algo he aprendido en el curso es el poder casi completo que tiene mi mente sobre mí. Nunca la he entrenado y la cabrona tiene el poder.

Durante los 3 primeros días de curso se entrena observando la respiración y la zona de la nariz. Si me dieran un céntimo por cada vez que he tenido que traerla de vuelta tras haber estado pensando en 50 cosas menos en la respiración, sería Amancio Ortega «el meditador».

Haz la prueba, cierra los ojos, relájate e intenta observar tu respiración durante un par de minutos. Cuenta las veces que te has sorprendido pensando en cualquier otra cosa. También sirve mientras comes, pon toda tu atención en la comida, en las sensaciones que tienes en la boca, etc, verás lo que dura quieta. Eso en el día a día relajado, en medio de emociones fuertes de ira o rabia te aseguro que vas a merced absoluta de tu mente.

Es como querer amarrar un perro con un collar de aire. Por momentos me asustaba, es como si vas el primer día al gimnasio y no tienes fuerza ni abrir la puerta. ¿Tan débil soy? Sí, y más.

No todo es tan negativo, enseguida se nota el entrenamiento y la propia mente percibe que le estás quitando poder. En esos momentos recurre a todo tipo de artimañas para descentrarte, alternando los «vete de aquí, están todos locos» «se está jugando el mundial y tú aquí como un friki» con canciones pegadizas que irrumpían sin sentido alguno. En plan me enfado y hago ruido.

Un paso más en mi relación con la mente lo noté con la «firme determinación». A partir del sexto día se introducen tres sesiones de meditación en la que no puedes moverte ni abrir los ojos durante una hora. Se llaman de firme determinación (adhitthana). Las primeras veces fueron una locura, la primera media hora es llevadera, otros 10-15 min. se van aguantando, pero el sufrimiento de los últimos 15… ni recordarlo quiero.

Yo nunca me había sentado con la piernas cruzadas así, y te aseguro que la flexibilidad no es mi fuerte. La rigidez y el dolor llevan la mente al límite. El objetivo es entrenarla para observar el dolor como si fuera de otro. Yo me inventaba historias como que era un médico con una máquina nueva de diagnóstico que permitía medir el dolor, y a todo esto la mente mandándome a Goenka disfrazado de rockero canturreando en un escenario.

En una de estas horas tenía un dolor en una pierna que nacía en el tobillo pero disparaba ráfagas hasta la cadera. En cualquier otra situación, ante ese dolor, hubiera ido a urgencias con la amputación asumida. Cuando los trucos para gestionar aquello dejaron de funcionar tocó tirar de vulgaridad, «por mis cojones que no me muevo». La mente entendió mi empecinamiento y cambió de la estrategia de distracción a la negociación: «Vale, lo que quieras, no te muevas, pero te estás quedando paralítico, gilipollas». Directo al mentón.

Hay gente que termina cogiendo una silla o buscando respaldo en la pared. A pesar de estar muy tentado aguanté los 10 días en el cojín, olé yo.

3. Conocimiento (paññā)

Vivir con moralidad es necesario para el dominio de la mente, y el dominio de la mente es necesario para avanzar hacia la sabiduría de la verdad sobre el funcionamiento del cuerpo. Todo eso que somos partículas que vibran y están en constante cambio.

El conocimiento llega con la observación ecuánime. No importa que la sensación sea agradable o desagradable, lo único que es seguro es que no puede perdurar porque todo está en constante cambio.

En un humano es fácil de ver. Mira un niño ahora y míralo dentro de 60 años, ese cambio físico no pasa de un día para otro, pasa momento a momento, hasta la muerte. Todo cambia, todo es imperdurable…

Resumen, aprendizaje y que viene después del subidón del Vipassana

El curso de meditación Vipassana no hace milagros, la técnica se basa en experiencias 100% reales, nada de movidas esotéricas ni padresnuestros. Tampoco es magia, no vas a salir hecho un buda por mucha iluminación que te hayan inyectado en 10 días. Lo que vas a recibir es una semilla que tendrás que plantar, regar y cuidar cada día.

Hoy es mi día 1 después de Vipassana.  Al igual que en su momento entendí que no entrenar mi cuerpo con deporte y alimentación no era una opción, lo mismo ha sucedido ahora con la mente. Voy a poner a esta tía bajo mi control total.

Lo duro no son estos 10 días, lo chungo viene ahora. La semilla requiere cuidados extremos, entrenar la atención plena en cada momento o meditar dos horas cada día, mañana y tarde.

Por último tengo que sentirme agradecido por haber ido. Tras haber leído mucho sobre autoconocimiento y desarrollo personal es la primera vez que encuentro un método.

Hasta ahora había leído que la clave es «conócete a ti mismo», pero por más que miraba no veía una mierda. Resulta que era más terrenal. Ahora tengo una herramienta que voy a probar. Por aquí lo iré contando.

Por último, durante estos días he pensando mucho en dos libros que me encantaron y que han cobrado nuevo sentido estos días.

Uno es «El hombre en busca de sentido» de Viktor Frankl. Cuenta cómo en los campos de concentración nazis los que lograban sobrevivir no eran los más fuertes, ni los que aparentemente tenían más resistencia; sino los que de forma natural desarrollaron la capacidad de no reaccionar ante las circunstancias.

La última libertad humana, aquella que ningún guardia les podía quitar, era la de decidir sobre lo que les pasaba. Colocar ese espacio extra en la cadena de procesamiento de los estímulos, buenos o malos, es el poder total, es Vipassana.

Para mi el entrenamiento era estar sentado sin moverme, para los prisioneros era sufrir las mayores torturas imaginables.

El otro libro al que he dado vueltas es «Pensar rápido, pensar despacio«. Explica de forma científica y racional el funcionamiento del cerebro. Pensar rápido se refiere a ese primer estímulo, a la emoción e intuiciónque no puedes evitar ni controlar, y pensar despacio a lo que piensas sobre ese primer pensamiento inevitable.

En ambos libros, y en otros muchos, el mensaje es el mismo. Vipassana es la técnica. Yo voy a intentarlo.

Seguiremos informando.

Para cualquier duda que yo pueda responder, los comentarios.
Si quieres saber más, hemos dedicado un programa entero del mejor podcast del mundo a Vipassana.

Actualización: 30-07-2018

Mes 1 tras el curso Vipassana

Ha pasado poco más de un mes desde que volví del curso. Voy a resumir qué he hecho, las sensaciones que he tenido y las dificultades, tanto internas como externas que me he encontrado.

Cosas positivas del primer mes

Hay más, pero todavía no las he visto.

Creando hábitos

Lo mejor de todo es que estoy consiguiendo crear un hábito. Nunca pensé que lo diría pero sí, me gusta meditar. En este primer mes he estado solo un día sin meditar, mientras que la mayoría de días he conseguido hacer las dos sesiones de mañana y tarde. La de la tarde me cuesta más, pero eso va luego en lo negativo.

También he conseguido acostumbrarme a madrugar, a madrugar sin obligación. Me levanto entre las 5:30 y las 5:50 y me siento una hora. Como me acuesto pronto el sueño está muy controlado, además se supone que el rato de meditación es rato de descanso mental, por lo que si meditas vas a necesitar dormir menos. Yo he empezado a notarlo porque ni duermo siesta ni me apetece. Si algún día tengo que acostarme más tarde tampoco ando por ahí durmiéndome de pie.

Otro aspecto positivo es que además de las dos sesiones estoy haciendo unos 10 minutos diarios de estiramientos. Estoy muy lejos de poder sentarme en posición de loto, pero estoy más cerca de lo que estaba hace 1 mes y medio. Tampoco tengo ninguna prisa.

Los demás

He explicado muchas veces dónde he ido y qué he hecho allí. En un entorno normal como el mío, y posiblemente el tuyo, se hace raro que alguien se vaya 10 días a no hablar con nadie. Las palabras secta y suicido colectivo salen irremediablemente, lo sabía y no me ha supuesto ni un problema.

Como con otros temas como el veganismo o no usar plástico hay dos tipos de personas que preguntan, los que lo hacen con una idea cerrada que no cambiará y los que lo hacen con verdadero interés. Con los primeros ni pierdo el tiempo, les digo que se me ha ido la olla o cualquier chorrada que se me ocurra. A los que preguntan con verdadera inquietud les devuelvo el interés con mi mejor esfuerzo.

Mucha gente ha preguntado con verdadero interés y ha leído a fondo este texto, para eso lo he escrito.

Observando el cuerpo

Poco a poco he podido disfrutar de algunos beneficios. Ser capaz de conectar sin esfuerzo con las sensaciones del cuerpo es uno de ellos.

Un ejemplo.

Dos días antes de ir al curso hice mi primer speech en Toastmasters, aunque era el primero y lo había preparado muy bien fue inevitable ponerme nervioso. El lunes pasado hice el segundo, también en inglés pero mucho menos preparado. Obviamente antes de salir la mente me lanzaba pensamientos como «no lo has preparado» «la vas a liar» «no sabes el suficiente inglés » etc. pero esta vez tenía una herramienta. Saber observar lo que la emoción generaba en mi cuerpo me ayudó a hacer el speech super relajado y con total control de la situación. Fue una jodida pasada.

Por último, otro tema a celebrar es mi falta de prisa, he asumido que no puedo fijar objetivos con este tema, solo partido a partido.

Cosas negativas del mes 1 post-vipassana

El primer mes arroja una conclusión que espero que cambie:

Es casi imposible controlar la mente en sociedad

El ruido mental

Quizás es que vine muy flipado y el mundo me ha devuelto un baño de realidad pero estoy siendo muy pesimista sobre las posibilidades de alcanzar ese estado de «iluminación» y control total de la mente.

El ruido mental que genera el entorno es abrumador, y el flujo de pensamientos es incesante. En el curso es fácil porque no hay apenas estímulos externos pero ahora, en el día a día, es de locos.

Esto va a ser más difícil de lo esperado, por suerte.

Alguien se ha llevado mis sensaciones

Casi 3 semanas me costó recuperar el «nivel» que alcancé durante el curso. Me sentaba y observaba, pero no había nada que observar. Tuve que empezar casi de cero, primero observando la respiración, luego sensaciones en la nariz, para después escanear todo el cuerpo en busca de sensaciones.

Ahora todo fluye mejor pero sigue costándome más que en Dhamma Sacca. Los altibajos son normales, supongo, pero son un reto más.

Peleando con el reloj y la firme determinación

Si has leído hasta aquí sabrás que durante el curso hay 3 sesiones diarias de «firme determinación». Consisten en estar una hora en la misma posición, sin abrir los ojos ni mover pies y manos. Cuando estás en una sala con otras 100 personas que no se mueven, por muy mal que vayas, no te mueves. Cuando estás tú solo, llevas 54 minutos quieto y te duele todo, hay que buscar muy en el fondo para sacar el coraje de no moverse. A veces lo consigo, a veces no, pero tampoco me fustigo por ello.

En resumen, he salido bastante bien parado de este primer mes, ya contaré el segundo.

Mes 7 tras el curso Vipassana

¿Por qué no había actualizado esto antes? Por suerte no ha sido porque haya abandonado. Lo que había dejado de lado era el blog, no Vipassana.

Más de medio año después estoy escribiendo esto después de haber estado una hora meditando. ¿Fácil? Para nada.

De nuevo en el resumen tiene que haber aspectos positivos y negativos.

Vamos a empezar con lo malo:

  • Me cuesta mantener alta la calidad de meditación: si Buda viviera en esta sociedad no se iluminaba en la vida. Este ritmo que llevamos creo que es incompatible con levitar. Debajo de su árbol ahora hay oficinas.
  • Fuera de mi casa medito fatal, o no medito: no sé si le pasa a todo el mundo, pero en casa medito mucho mejor.
  • Los avances son lentos: aunque supongo que así tiene que ser.
  • La hora de la tarde me la he terminado fumando: empecé reduciéndola y he acabado eliminándola. Como mucho me siento 20 minutillos al final del día si tengo la cabeza muy cargada.

Y lo bueno:

  • Puedo mantener, a veces, mi mente bajo control: la simple observación de las sensaciones hace auténticos milagros.
  • Me duermo como y cuando quiero: el beneficio más inmediato que recibí de aprender a observar las sensaciones fue a la hora de dormir. Apago la mente, pongo la atención en el cuerpo (sin barridos) y en nada caigo.
  • Me apetece meditar: es algo que nunca hubiera dicho.
  • No tengo prisa ni objetivos: medito cada día, y ya está, que pase lo que tenga que pasar.

Estoy pensando fechas para hacer un segundo curso sobre primavera, justo un año después. Me apetece mucho, mucho.

Mi segundo curso Vipassana

Sí, lo he vuelto a hacer.


He vuelto a meter a mi mente al ring y enfrentarme a ella en la pelea de las peleas. Esa que se desencadena cuando cierras los ojos y miras al oscuro lugar que no estamos acostumbrados a observar pero que esconde tanta y tan sabiduría, toda la sabiduría: el cuerpo.

Un año después, he vuelto a irme al pueblo abulense de Candeleda, a las faldas del pico Almanzor a encerrarme diez días a meditar en silencio.

Este es el resumen del periplo por mi segundo curso de meditación Vipassana.

¿Por qué he vuelto a hacer otro curso?

No lo tengo muy claro, la verdad.

Supongo que la misma fuerza que me arrastra a hacer deporte cuando me siento el más vago del planeta. O que me saca de la cama cuando si me dieran a elegir entre morirme o levantarme dudaría mucho. O la que me ayudar a continuar ante las miles de excusas que se me ocurren ante cualquier actividad que desafíe mi comodidad.

Puede también que esa fuerza que me empuja sea solo un medio y lo que motiva es el premio final. La misma sensación de satisfacción después de levantar un montón de veces una barra de hierro o del bienestar tras cualquier esfuerzo.

Una de las poquísimas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida es que posponer la gratificación siempre tiene premio. Eso me ha llevado a volver a sentarme 10 días en silencio frente a mí mismo, porque he visto algo de ese premio.

Los beneficios de un año entero de meditación

Haber mantenido la práctica de una hora al día, unos 5 días a la semana, me ha sentado muy muy bien. El ideal hubiera sido dos horas, pero con ese ritmo no aguanté demasiado, pero vamos, ni tan mal.

He sido más productivo, he vivido con más energía, más descansado, más atento. Ha mejorado mi paciencia, mi constancia…

Y lo mejor, siento que he dado los primeros y minúsculos pasos hacia lo que supone el último fin de esta meditación, la ecuanimidad. ¿Y qué es la ecuanimidad?

Atención a esta frase sobre la felicidad dada por Buda.

La mayor felicidad que puede experimentar un ser humano es verse capaz de mantener su mente equilibrada, tranquila y en paz a pesar de cualquier vicisitud que le ofrezca la vida.

Traducido a cristiano: ser capaz de estar por encima de cualquier situación adversa o placentera que te ofrezca la vida.

Traducido a jerga: que te la sople todo.

¿También lo bueno? ¿Are you fucking kidding me? Quieto, me explico.

No se trata de no disfrutar, se trata de no generar apego.

Puedes disfrutar horrores de comerte un helado de chocolate, no hay problema. Pero si cuando te apetece y la heladería está cerrada, estás a dieta o te lo ha prohibido el médico sufres por no poder comértelo, tienes un problema. Has generado apego.

Ahora piensa que sí te estás comiendo el helado, hace calor y con la emoción te despistas y del fondo del cucurucho caen unas gotas que manchan tu camiseta nueva.

Antes no tenías algo que sí querías (helado) y ahora tienes algo que no quieres (mancha). En ambos casos te sientes mal, en términos de Vipassana se diría que tienes desdicha.

Sustituye el ejemplo del helado por situaciones reales en las que tienes algo que no quieres (enfermedades, fallecimientos de seres queridos, críticas…) o situaciones que deseas pero no tienes (halagos, status, ser más guapo, rico…).

Que la vida de los humanos está llena de desdicha es indiscutible; nuestra existencia es una constante exposición a situaciones que no salen como esperábamos.

Al refrán “el hombre propone y dios dispone” le deberíamos añadir, “y el hombre se queja”.

Que la vida es desdicha es una de las nobles verdades. Sí, amigos, shit happens.

Para lo negativo es sencillo de entender, y para lo positivo también si lo piensas un poco.

Lo bueno nos genera deseo cuando no lo tenemos. Quiero ser esto, tener aquello…

Rechazo y aversión son las dos caras de la misma moneda. Ser capaz de observarlas con ecuanimidad es la clave de la meditación Vipassana.

Ser 100% ecuánime. El mayúsculo reto de mi segundo retiro en Dhamma Sacca

Si has leído la primera parte sabrás que el año pasado sentí lo que se conoce como “flujo libre”. Esto es una corriente de sensaciones muy sutiles por todo el cuerpo, como un flujo de vibraciones en alta frecuencia recorriendo de la punta de los pies a la cabeza.

Desde el segundo día, cuando todavía debería estar solo observando la respiración (Anapana) sentí flujo libre en algunas partes del cuerpo con mi mente entregándose a la agradable sensación.

De forma inconsciente claro, porque en el fondo sabía que debía mantenerse ecuánime y objetivo sobre esas sensaciones positivas.

Con las sensaciones negativas (burdas, sólidas) me resultaba más fácil. Desde el primer día he hecho “firme determinación”, es decir, he meditado durante 3 horas al día sin mover ni un dedo del cuerpo, llevando al cuerpo a dolores de todo tipo por piernas y espalda.

He sentido placer con ese dolor. Placer de sentirme observador, ecuánime.

Y peleando por la ecuanimidad casi gripo el motor

Durante el día 7 entero y la mañana del 8 entré en bucle. Cada vez era más consciente de las sensaciones, sentía más y con más fuerza pero seguía sin poder controlar las sensaciones agradables, sin ser ecuánime.

No recuerdo en cuál de las infinitas horas sentado me di cuenta que si mantenía la mente en un equilibrio absoluto, en una hiperconcentración total era capaz de observar el flujo libre con objetividad. Esa concentración la conseguía apoyándome en la respiración; es sencillo: observas la inspiración y bajas la atención con la expiración.

Eso me equilibrada al 100% la mente; estaba feliz del avance, pero otro problema vino después.

De tanto apretar la concentración se me levantó un dolor de cabeza que parecía que me iba a estallar. –Mierda, he chamuscado la máquina– , pensé con media sorna media preocupación

Un dolor de cabeza que aflojó el día siguiente, pero del que mantuve vestigios hasta el final.

La comprensión intelectual de la teoría

Como hablamos en la primera parte hay 3 formas de adquirir sabiduría/conocimiento:

  1. Fe ciega: me lo creo y punto.
  2. Lo entiendo: de forma racional soy capaz de comprender.
  3. Lo experimento: compruebo por mí mismo que es así.

Lo que observas al meditar son la vibraciones de tu cuerpo. Porque no somos sólidos, o eso dicen. La teoría de que no existen la materia sólida, que todo es vibración -humanos incluidos-, no lograba ser comprendida por mi mente. Si no sabes de qué hablo googlea un poco, está demostrado científicamente.

El clic se produjo con la explicación comparándolo con una vela y con un río. Cuando miras la llama de una vela ves la llama como algo estático, pero no lo es, sino que esa llama está cambiando cada instante, nuevas llamas aparecen y desaparecen a una velocidad que no es visible para el ojo humano, pero que se puede entender viendo cómo se consume la vela.

Lo mismo con la luz del sol, no es siempre la misma luz, sino que son rayos nuevos a una frecuencia altísima.

Mismo ejemplo con un río, yo observo el río pero este está formado por una corriente constante infinita. No es siempre el mismo agua.

¿Me sigues?

La meditación Vipassana busca experimentar esa sensación sobre el propio cuerpo, sentir esas vibraciones, sentir como el cuerpo cambia, porque todo está cambiando, todo el tiempo.

Y observarlo con ecuanimidad. Ser el tío que se sienta a ver pasar el río, pero al flujo de tu cuerpo.

Sentarse a meditar es sentarse a observar cómo tu cuerpo cambia, como te estás muriendo, porque te estás muriendo, estás en constante cambio, como todo, que aparece y desaparece. Anicca, Anicca…. (cambio, cambio…)

Propósitos para el siguiente año

Una vez asimilada la teoría, comprendida y experimentada solo me queda practica, practicar mucho, practicar cada día.

¿Seré capaz de mantener la frecuencia de meditación? ¿Podré subir a dos horas al día? He empezado a saborear el premio, y sé que a más práctica mayores beneficios. Lo iré contando. O no.